Ojo seco: tratamiento

El tratamiento para evitar la sequedad ocular dependerá del origen de la alteración. En la mayoría de los pacientes se consigue mejorar la hidratación del ojo simplemente con la aplicación de lágrimas artificiales o pomadas lubricantes. En los casos más graves, es necesario realizar otro tipo de intervenciones.

Lágrimas artificiales

Reciben este nombre porque son parecidas a las lágrimas que el ojo produce de forma natural. Las gotas hidratan y lubrican los ojos, ayudando a mantener su humedad. Existen también lágrimas sin conservantes, para los pacientes con sensibilidad a los conservantes que se les suele añadir para aumentar su durabilidad en el tiempo. Cualquiera de los dos tipos de lágrimas se pueden adquirir sin receta médica.

Conservación de las lágrimas naturales

Consiste en evitar la pérdiCirugía para ojo secoda de la lágrima que el ojo produce. Dado que las lágrimas se drenan mediante un pequeño canal situado en la nariz (que llevan la lágrima hasta la boca, en donde se elimina), otra opción para mantener los ojos húmedos es bloquear este canal, de forma permanente o temporal, con tapones lagrimales. Estos tapones hace un efecto embalse, permitiendo acumular la lágrima en la superficie ocular. Deben ser colocados por un oftalmólogo, quien valorará si este método es suficiente o es necesario recurrir al cierre permanente del conducto lagrimal mediante el sellado con calor del mismo.

Control de las condiciones externas

Si bien es cierto que el ojo seco se produce por una baja producción de lágrima en el ojo, es posible minimizar sus síntomas evitando que la lágrima producida se evapore. La calefacción, el humo de cigarrillos o chimeneas, el secador de pelo o el viento son factores que favorecen la evaporación. Utilizar métodos de humidificación y evitar estas condiciones externas ayudan a mantener la humedad del ojo. Las gafas también son una excelente ayuda para evitar el efecto secante del viento. Cuanto más grande y envolvente sea el cristal, mayor es el grado de protección.

Conjuntivitis vírica, bacteriana y alérgica. Síntomas, contagio y tratamiento

¿Quién no ha padecido en alguna ocasión una conjuntivitis? Esta dolencia, tan frecuente como molesta, es una inflamación de la conjuntiva –la membrana mucosa que recubre el interior de los párpados y la superficie ocular– que puede afectar tanto a niños como a mayores. La conjuntivitis es una de las causas más habituales del ojo rojo, ya que hace más visibles los pequeños vasos sanguíneos otorgándole al ojo un tono rojizo.

El origen de esta patología puede ser, principalmente, de carácter vírico, bacteriano o alérgico. De la naturaleza de los causantes dependerán las características de la conjuntivitis que se desarrolle, si bien es cierto que todas ellas pueden tener en común diferentes síntomas como el picor, lagrimeo, enrojecimiento de la parte blanca del ojo, sensibilidad a la luz o secreciones amarillentas.

 La conjuntivitis alérgica es una reacción del ojo que se produce al entrar en contacto con algún elemento del ambiente al que se es sensible –como polen, polvo, moho, químicos, o caspa animal–. No es una infección, por lo que no es contagiosa. El síntoma más habitual es el picor, que suele venir acompañado de lagrimeo, enrojecimiento, edema palpebral, secreciones, fotofobia y sensación de cuerpo extraño. Los tratamientos son iguales para todos los alérgenos: aplicación de antiinflamatorios no esteroideos, corticoides, antihistamínicos o lágrimas artificiales de forma tópica en colirios o pomadas. También se recomienda realizar lavados con soluciones salinas estériles y pH neutro, aplicar frío y no frotarse los ojos. En algunos casos crónicos o de mala evolución las pruebas de alergia pueden ser útiles para concretar la causa y si es posible realizar un tratamiento antialérgico específico, tanto preventivo, con el ambiente, como desensibilizador, con las vacunas.

Detalle de un ojo marrón

La conjuntivitis bacteriana es la dolencia más frecuente. Está causada por la infección de determinadas bacterias en el ojo. Frecuentemente es unilateral, a diferencia de la alérgica o vírica, aunque puede extenderse al otro ojo. La transmisión se produce por el contacto con secreciones contaminadas. Como usualmente no conlleva estornudos ni tos, el contagio se limita a los contactos personales. Las bacterias pueden estar por toda la piel –no solo en los ojos– y la contaminación puede producirse por el mero contacto con la persona infectada. Por este motivo compartir toallas y dormir en la misma cama son situaciones de alto riesgo. Un rasgo muy característico de este tipo de conjuntivitis es la secreción purulenta abundante, en forma de legaña amarillenta. La dificultad al abrir los ojos después de dormir es frecuente y se produce porque el pus se seca en contacto con ambos extremos del párpado. Se trata con cremas o colirios antibióticos y extremando la higiene al máximo.

La conjuntivitis vírica puede estar producida por distintos tipos de virus. Dependiendo del causante su sintomatología puede variar pero, por lo general, a las dolencias comunes a todas las conjuntivitis se suma el malestar general, dolor de garganta, fiebre, cefalea y queratitis. Aparece en brotes epidémicos, sobre todo en otoño, y es altamente contagiosa. La forma de aliviar las molestias que produce esta infección se basa en la aplicación de suero ocular frío y si es necesario antinflamatorios en colirio, el tratamiento antivírico puede ser útil en algunas ocasiones. Dentro de esta tipología merece una especial mención la conjuntivitis por adenovirus. Los síntomas de esta son mucho más severos: inflamación de los ganglios ubicados junto al oído, aparición de manchas numulares (en forma de pequeña moneda) en la córnea, secreciones costrosas en los bordes palpebrales y pestañas, formación de pseudomembranas e, incluso, pérdida de visión. Su duración es entre una semana y quince días, siendo causa de baja laboral. Puede transmitirse por el contacto con manos u objetos contaminados, pero sobre todo la saliva y lágrimas son muy contagiosas, por lo que se debe extremar las normas de higiene.

 Las recomendaciones habituales para prevenir el contagio en las conjuntivitis infecciosas son las siguientes:

  • Lávese las manos frecuentemente con agua tibia y jabón.
  • Evite tocarse o restregarse los ojos.
  • Limpie toda secreción alrededor del ojo varias veces al día. Se debe lavar las manos primero y luego puede usar un paño limpio o una bola de algodón o pañuelo desechable para limpiar el área del ojo. Tire a la basura la bola de algodón o el pañuelo desechable después de usarlo; si usa un paño, debe lavarse con agua caliente y detergente. Lávese las manos con agua tibia y jabón una vez que termine.
  • Lávese las manos después de aplicarse gotas o pomada para los ojos.
  • No use la misma botella o envase de las gotas para los ojos infectados que para los sanos, aun cuando sea de la misma persona.
  • Evite compartir artículos como toallas, sábanas y fundas de almohadas.
  • No comparta el maquillaje para los ojos, la cara, los cepillos cosméticos, las lentes de contacto y envases ni las gafas.
  • No se meta en la piscina.